Cuando una sustancia se convierte en la respuesta automática al estrés, el cerebro puede aprender una asociación rápida: angustia equivale a consumo. Con el tiempo, esa respuesta puede desplazar otras herramientas de afrontamiento como dormir, moverse, hablar con alguien, descansar o buscar ayuda profesional.
El problema no se define solo por la cantidad. La función del consumo también importa. Si el alcohol, la nicotina u otra sustancia aparecen cada vez que hay ansiedad, ira, soledad o presión, vale la pena notar el patrón. El NIDA describe la adicción como un trastorno médico que afecta al cerebro y al comportamiento, no como un fracaso moral.
Conclusiones prácticas:
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Pregúntese qué emoción o situación suele preceder al consumo.
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Desarrolle al menos dos alternativas concretas para gestionar el estrés.
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Busque ayuda profesional si el consumo se siente compulsivo o difícil de controlar.
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