Una persona puede pensar que está usando cantidades “pequeñas” de dos sustancias diferentes, pero los efectos no siempre se suman de una manera sencilla. El alcohol, los opioides y los sedantes pueden deprimir el sistema nervioso central, lo que aumenta el riesgo de somnolencia extrema, pérdida del conocimiento y problemas respiratorios.
Un suministro de drogas no regulado añade otro nivel de incertidumbre, ya que una pastilla puede contener ingredientes o concentraciones diferentes a los esperados. Por eso, mezclar sustancias es una de las situaciones en las que las estimaciones personales de tolerancia pueden ser especialmente poco fiables.
Puntos clave:
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No combine alcohol con opioides o sedantes.
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Si a alguien le cuesta despertar, no responde o respira de forma anormal, llame a los servicios de emergencia.
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Dígale al personal médico qué es lo que se pudo haber consumido; una información precisa puede ahorrar un tiempo fundamental.
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